EDITORIAL DESAHOGO NEWS

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Tuesday, May 3, 2011

Alivio a medias tras la muerte de Osama bin Laden




Millie Díaz perdió a su hija Lourdes Janet Galletti Díaz, quien trabajaba en la Torre Norte del World Trade Center.



Bárbara J. Figueroa, Wilma Maldonado Arrigoitía, Darisabel Texidor Guadalupe y Maelo Vargas Saavedra / Primera Hora

Saben que nada ni nadie les devolverá a sus seres queridos. Sin embargo, admiten que sintieron cierto “alivio” cuando casi a la medianoche del domingo supieron de la muerte del autor intelectual de los atentados del 9-11, Osama bin Laden.


Muere Osama bin Laden
Unos se alegraron, otros se emocionaron y la mayoría no pudo contener las lágrimas.
Estas historias narran las agonías de una madre que perdió a su hija en el piso 105 de la Torre Norte del World Trade Center, y de un desconsolado padre que vio esfumarse la alegría de vivir ante el golpe que representó la pérdida de su hijo en Afganistán.

Para la madre de tres menores que quedaron huérfanos con la muerte de su esposo en la guerra en Irak, la muerte de Bin Laden no le alegró, pero algo le decía que así debía ser el final.
Además, una mujer que perdió a su hermana ese fatídico 11 de septiembre de 2001 en el Pentágono asegura que, con la desaparición del líder de Al-Qaida, ésta recibió con una semana de anticipación su regalo del Día de Las Madres.

Revive la llamada de auxilio que hizo su hija
La muerte de su hija, Lourdes Janet Galletti Díaz,   durante el ataque terrorista a las Torres Gemelas la  llevó  casi a la locura. Una agonía y un dolor que Millie Díaz ha ido sanando con el pasar de los años y que el domingo selló la estela de  amargura que había en su corazón contra el  autor intelectual de los hechos, el líder de Al-Qaida, Osama bin Laden.
“No le deseo la muerte a nadie, pero había un círculo semiabierto, y esa pieza que faltaba se logró colocar en ese círculo con la muerte de Bin Laden. Y sí, estoy contenta porque se hizo justicia divina y se sacó del panorama a una sabandija que le hizo  daño a mucha gente y que a mí me llevó casi a la locura con la muerte de mi hija Lourdes”,  dijo con sinceridad,  para quien fue inevitable recordar la llamada de auxilio que su hija Lourdes, quien tenía 33 años y trabajaba como secretaria ejecutiva para la compañía de inversiones Cantor Fitzgerald, en el piso 105 de la Torre Norte del World Trade Center.
“Stuart, es Lourdes. Algo golpeó el edificio. Yo no sé qué. Estamos atascados aquí en el 105. Hay demasiado humo. Eh... Si recibes este mensaje, mira a ver si puedes conseguir ayuda”, decía el mensaje de voz que su hija Lourdes le dejó a uno de sus jefes minutos antes de morir.
“Esa grabación la escuché, la escuché y la escuché mil veces...,  pero necesito sanar porque yo he llorado lágrimas de sangre durante todos estos años. Al extremo que muchas veces tuve que introducir mi almohada en la boca para que la gente no me escuchara gritar del dolor inmenso que me causaba y me causa la muerte de Lourdes”, dijo Millie, quien a modo de reconocimiento entregó la grabación y otras pertenencias de su hija para que sean exhibidas en un museo de memorabilia que estrenará en septiembre en Nueva York.
 Alivio que no le  devuelve  alegría de  ver a su hijo
 Para Aracelio Caraballo, padre del soldado José M. Caraballo Pietri, quien murió el pasado 10 de abril en una misión militar en Afganistán, la muerte del líder de  Al-Qaida  Osama bin Laden le dio coraje y al mismo tiempo recordó que su hijo no lo pudo disfrutar.
El hombre comentó a Primera Hora que con esta muerte el terrorismo no acabará, sino que desatará más conflictos a nivel mundial.
“El terrorismo no tiene remedio, además él (Bin Laden) tuvo que haber dejado un sucesor que continuará su misión”, dijo el padre del sargento, quien sostuvo que su hijo dedicó 14 de sus 30 años al Ejército de los Estados Unidos.
Este yaucano piensa que el hombre más buscado por el Gobierno estadounidense era ayudado por el Gobierno paquistaní y que tenía cómplices que sabían dónde se escondía. Además deduce que el Ejército tenía conocimiento de los lugares que éste recorría.
“No estaremos en paz, sabrá Dios cuántos inocentes morirán ahora”, señaló el maestro de profesión.
Asimismo, manifestó que la captura y muerte del líder terrorista sólo sirvió para que el presidente Barack Obama asegurara su victoria en las próximas elecciones.
“Eso son guerras inútiles y esas luchas entre esos países seguirán”, indicó Caraballo, quien añadió que siempre le advirtió a su hijo que estuviera pendiente de las personas en las calles porque todos podrían ser terroristas.
“Eso no me devolverá a mi hijo, yo perdí mi alegría para toda la vida”, comentó el padre, quien asegura que  siempre respetó la decisión de uno de sus vástagos de elegir una carrera en la milicia.
“Many”,  como le llamaban a su querido hijo, murió victima de una emboscada y les había dicho a sus padres que ésa sería su última misión, pues quería regresar al Pueblo del Café a comenzar una vida distinta y alcanzar sus metas.

Cierra el capítulo, pero no la tristeza
Cuando el domingo en la noche Myriam Borrero Bauzá escuchó que Osama bin Laden estaba muerto, no sintió el impulso de tirarse a la calle a celebrar, pero tuvo cierto alivio, junto con  unas inmensas ganas de llorar  al recordar a su hermana fallecida el 11 de septiembre como consecuencia  del ataque al Pentágono.
Diana Borrero Bauzá se desempeñaba como supervisora de contabilidad en el Pentágono cuando un avión dirigido por el grupo Al-Qaida se estrelló contra el edificio. Diana tenía 55 años de edad cuando murió,  un esposo y dos hijos varones de 19 y 21 años, que viven en EE.UU.
“Realmente no hace justicia en el sentido de que está la muerte de todas esas personas a quienes no puedes traer de nuevo. Sí cierra un capítulo más de la historia,  pero no trae una paz y una tranquilidad total”, expresó Miriam, quien no podía parar de llorar cuando escuchó la noticia a eso de las 11 de la noche del domingo.
La hija de Miriam, Yolanda Castro Borrero, reside en Arecibo en la casa que alguna vez fue de su tía Diana.
“Yo ya lo perdoné a él. En mí no había ese sentimiento de rencor, de coraje, de que uno quisiera que muriera. Eso no estaba en mí”, señaló Yolanda.  “Hubiera sido mejor que lo hubieran tomado vivo, que lo hubiesen arrestado y que estuviera preso un tiempo. Si lo hubiesen enjuiciado, eso sí hubiese sido un castigo para él, pero la muerte no necesariamente lo es, por sus creencias”, añadió.
La inesperada muerte de Diana y la carga emocional   minaron la salud de su padre, Gregorio, quien murió dos años después de haber enterrado a su hija en el Cementerio Nacional, en Bayamón.
En su momento, lamentaron que   George W. Bush se concentrara en Saddam Hussein y no en la búsqueda de Bin Laden, pero el mensaje de Barack Obama la conmovió. “Para mí ése es el regalo del Día de las Madres a mi hermana”.
Muy viva la pérdida de su esposo soldado
Cuando se enteró de la muerte de Bin Laden, su primera reacción fue de coraje porque,  aunque no le desea mal a nadie, entiende que, en su momento, era algo que tenía que  suceder.
“Fue una persona que hizo mucho daño, y eso no quiere decir que (con su muerte) se habrá de acabar la guerra, porque una cosa no tiene que ver con la otra ni tiene que ver con el petróleo porque el terrorismo es otra cosa”, reflexionó Yolanda Mas Rodríguez, una ejecutiva del Recinto Universitario de Mayagüez.
La mujer, que perdió a su esposo Miguel A. Ramos Vargas, del barrio Malezas de Mayagüez, en combate en Irak el 31 de mayo de 2005, y quien fue enterrado el 5 de junio de ese mismo año en el municipio, recuerda aquel martes cuando unos militares llegaron a su residencia y, de inmediato, pensó que algo le había sucedido a Miguel, porque él le había dicho que cuando llegaran con sus uniformes de gala algo le habría sucedido, y si era la Cruz Roja, había sido un accidente. “Ya yo sabía, cuando los vi bajarse”, recordó.
El soldado dejó huérfanos a tres varones que ahora tienen 15, 14 y 11 años.   “La única razón por la que me he mantenido firme es por mis tres hijos, porque si ellos me ven bien a mí, ellos también están bien”, dijo la funcionaria del RUM, quien evalúa candidatos a graduación.
La pareja llevaba 15 años de casada al momento en que Ramos Vargas perdió la vida. Lo describió como un buen padre, esposo e hijo y, si bien ninguno creía en la guerra, él  tenía muchos amigos en el Ejército, y eran como su familia.
“Yo creo que (ya es) tiempo que esos soldados estuvieran de vuelta en sus hogares, que fue una guerra inútil que ni siquiera se debió haber dado”, indicó Mas.

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